JUGANDO A CREAR LO QUE PARECIESE IMPOSIBLE.




La lectura de textos ficticios nos posibilita crear, formar parte de vidas y espacios, inexistentes. Pero es el lector el que hace que el mensaje literario viaje, se transforme, adquiera vida o muerte, olvido. El lector posibilita al escritor continuar con su creación, sin su interés recreacional del texto de nada serviría escribir. No digo que se escriba pensando en el mismo, sino que él debe ser consciente de que es parte activa de la literatura, de las obras que selecciona, de sus lecturas, sus conocimientos y hacia donde dirige sus decodificaciones de los signos, del lenguaje, de las imágenes que va descubriendo del mensaje. 


Fue a partir de la lectura que comencé a escribir, en forma tardía, cuando todos los escritores ya están afianzados, ocupando un lugar en el círculo del reconocimiento, yo me iniciaba a escribir. Ingenua, débil, sin  herramientas solo con un lápiz y un camino con piedras, canto rodado y otros tamaños, sin horizonte. El libro con el que comencé el camino estuvo plagado de ansiedad e inseguridad, pero más que nada, con abundante ingenuidad. 

"La poesía insistentemente se sitúa en el descontrol que generan los discursos transparentes, más allá de esa prolijidad que borra o ilegible; se sitúa en todo lo que esos discursos dejan fuera y que persiste como lo no dicho, como un silencio que es la tachadura de sentido más que ausencia. [...]El poema no se preocupara por explicar lo percibido, aunque se crea que al leer, lo hace, sino más bien,lo tensa. Al poema no le importa sumergirse en el contrasentido, lo deja vivir dentro de su densidad, dentro de sus antítesis y paradojas." (Alicia Genovese, Leer poesía (Los leve, lo grave, lo opaco; FCE)
















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